
La palabra técnica es obturación, aunque todos solemos llamarlo empaste.
Su objetivo es reconstruir una parte del diente que se ha perdido, normalmente como consecuencia de una caries, una fractura o el desgaste.
Actualmente uno de los materiales más utilizados es la resina compuesta o composite.
El composite permite adherirse al diente y reproducir su forma y color de una manera muy natural. Pero hacer una buena obturación no consiste simplemente en “rellenar un agujero”.
Cómo se hace una buena obturación
Primero debemos determinar hasta dónde llega la lesión y qué tejido necesita realmente ser eliminado.
En odontología moderna intentamos ser cada vez más conservadores. Esto significa eliminar únicamente el tejido que sea necesario y conservar la mayor cantidad posible de estructura dental sana.
Después debemos reconstruir correctamente la anatomía del diente.
Esto es especialmente importante en los molares. Los relieves, puntos de contacto y forma de la superficie no están ahí por casualidad. Influyen en cómo masticamos, cómo contactan los dientes entre sí y en la posibilidad de limpiar correctamente entre ellos.
¿Hay que cambiar los empastes antiguos?
Un empaste también puede deteriorarse con el tiempo.
Puede aparecer desgaste, pequeñas fracturas, filtración o una nueva caries alrededor de la restauración.
Pero esto tampoco significa que todos los empastes antiguos tengan que cambiarse.
Si una restauración continúa funcionando correctamente, sustituirla únicamente porque tiene unos años puede obligarnos a eliminar innecesariamente más tejido dental.
Cada vez que reemplazamos una restauración solemos entrar un poco más dentro del diente.
Por eso nuestro objetivo debería ser siempre el mismo: conservar la mayor cantidad posible de diente natural durante el mayor tiempo posible.
