
Las carillas son restauraciones muy finas que se colocan principalmente sobre la superficie visible de los dientes anteriores.
Permiten modificar su forma, color, tamaño o determinadas alteraciones de posición.
Pueden realizarse principalmente con composite o con cerámica.
Pero existe una idea que considero especialmente importante: hacer carillas no significa necesariamente tallar mucho los dientes.
En determinados casos podemos realizar tratamientos extremadamente conservadores y limitar el desgaste únicamente a las zonas necesarias. Incluso existen situaciones en las que prácticamente no necesitamos eliminar estructura dental.
Sin embargo, esto depende completamente de la posición inicial de los dientes y del resultado que queremos conseguir.
Si un diente ya está demasiado hacia delante y queremos añadir material sobre él, inevitablemente podríamos terminar creando un diente excesivamente voluminoso. En estos casos necesitamos valorar ortodoncia, realizar una preparación o combinar diferentes tratamientos.
Antes de empezar: el estudio de la sonrisa
Antes de realizar carillas es importante estudiar la sonrisa completa: posición de los dientes, encía, labios, exposición dental, proporciones y función.
También debemos valorar cómo muerde el paciente.
Una carilla estéticamente perfecta pero sometida a fuerzas inadecuadas puede fracturarse o despegarse.
Por eso la estética dental no consiste simplemente en elegir dientes blancos.
Un buen tratamiento debe intentar modificar lo necesario y conservar todo lo posible.
Y siempre que podamos mantener esmalte dental, mejor.
